POSTMODERNIDAD, )RUPTURA CON LA MODERNIDAD?
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Daniel Herrera Restrepo
Profesor asistente de la Facultad de Filosofía de la
Universidad Santo Tomás.
Profesor invitado en la Facultad de Filosofía, UNAM, México.
Miembro del Instituto APensar@, Pontificia Universidad Javeriana.
1.
INTRODUCCIÓN
No es fácil responder al interrogante planteado desde
Latinoamérica, porque, )cuál es nuestra experiencia frente a
estos términos? No se puede hablar de lo que no se conoce. En Europa desde la
década de los setenta, del siglo XX, se discute sobre Modernidad y
Postmodernidad, pero se hace a partir de la experiencia de una sensibilidad
cultural que allí se ha vivido a plenitud. Nosotros hemos comenzado a discutir
en el aire sobre esta temática un cuarto de siglo después. Como todo nos llega
tarde, )será cuestión de pseudo-intelectuales que de acuerdo con los
libros que han podido comprar, dejando de comer, se quieren poner al día de
acuerdo con lo que discuten quienes sí tienen la experiencia de lo que es la
Modernidad y que experimentan un nuevo mundo que aparentemente es la negación
de esa Modernidad? )Estaremos ante un nuevo snobismo?
Desde que comenzó la discusión entre nosotros ya se han oído cosas bien
curiosas que quizá se hacen un poco comprensibles al recordar una de las frases
más célebres de Bolívar: Ano somos europeos ni indígenas, somos
mestizos@. Y el mestizaje conlleva complejidad y ambigüedad. En
efecto, algunos piensan que nuestra sensibilidad cultural corresponde a la
premodernidad. Otros han dicho que estamos comenzando a conocer vivencialmente
lo que es la Modernidad. Finalmente no faltan los que consideran que, de
acuerdo con las definiciones que dan los europeos sobre la Postmodernidad,
nosotros siempre hemos sido postmodernos.
Un buen ejemplo de esta ambigüedad: en 1991, el Foro Nacional
por Colombia publicó una compilación de ensayos cuyo título, contenido y
autores ponen muy en claro esta ambigüedad colombiana y latinoamericana. La
obra se llama: AColombia, el despertar de la
Modernidad@.
El título sugiere de inmediato que apenas estamos entrando al
mundo de la Modernidad, es decir, que somos premodernos, que estamos
despertando a un nuevo mundo, el de la Modernidad, y que, por consiguiente,
nada sabemos de la Postmodernidad. Curiosamente la obra está dividida en dos
partes: ATextos para un debate@ y AEl caso colombiano@. La primera parte nos presenta textos bien conocidos de
autores no latinoamericanos -exceptuando uno de Octavio Paz- que han
experimentado lo que es la Postmodernidad como sensibilidad cultural. Citemos
algunos: Habermas, Lyotard, Vattimo. Citemos, igualmente, a una húngara, Agnes
Heller, una marxista conversa que hoy en día se desempeña exitosamente en
Estados Unidos. Quisiera citar unas líneas de esta filósofa, ya que el marxismo
fue la última expresión en la búsqueda de caminos que posibilitaran la
realización de los ideales de la modernidad: *El mensaje que lleva consigo la
Postmodernidad como movimiento cultural es muy sencillo: todo vale... El
Atodo vale@, puede interpretarse de la siguiente
forma: tú puedes rebelarte contra lo que te apetezca, pero déjame a mí
rebelarme contra lo que quiero rebelarme. Y también está la alternativa:
permíteme que no me rebele contra nada, porque me siento totalmente a gusto+.[1] Quienes conocen los ideales de Marx
están en capacidad para pronunciarse sobre este texto y, por otra parte, pueden
conocer una de las interpretaciones de la Postmodernidad como sinónimo de irracionalismo,
escepticismo, anarquía e, inclusive, cinismo.
La segunda parte -AEl Caso colombiano@- nos presenta una serie de textos de autores colombianos no
filósofos, en su mayoría economistas, lo que de inmediato nos permite ver que
se trata de autores para los cuales la Modernidad es sinónimo de desarrollo
económico gracias a la apropiación de la ciencia y de la tecnología que
posibilitó la Modernidad. Todos ellos desconocen lo que es la Modernidad en sí
misma como movimiento y sensibilidad cultural. Sólo hay un texto de Guillermo
Hoyos que escribió como miembro de esa comisión creada por el gobierno para el
avance de la ciencia y la tecnología que -ya en sí- confundía Modernidad y
modernización. Quisiera transcribir unas líneas de Hoyos que nos invitan a
distinguir entre Modernidad y modernización: *Es por tanto necesario analizar críticamente
el sentido tradicional de ciencia y tecnología, que fácilmente conduce a
instrumentalizar la razón al servicio de determinados fines, normalmente los de
un desarrollo de la productividad, y que le impide trascender tales tareas,
quedando con ello reducida a optimizar el sistema económico-administrativo al
que se debe adaptar el hombre mismo. Parece por tanto que en el proceso del
conocimiento puede hallarse la génesis de la alienación, cuando éste funciona
exclusivamente como medio para un modelo desarrollista, y cuando se privilegian
unilateralmente las ciencias naturales y la técnica, despreciando la reflexión
y la dimensión crítica de la cultura. Esto lleva a la positivización de las
ciencias sociales y a la sociedad unidimensional+.[2] De acuerdo con lo anterior, para
nosotros no es fácil pronunciarnos sobre Modernidad y Postmodernidad. A pesar
de esto y de acuerdo con lo anterior, quisiera lanzar una hipótesis de trabajo.
La hipótesis sería la siguiente: la Modernidad poco a poco se
está haciendo entre nosotros realidad como experiencia colectiva, pero cargada
de componentes premodernos. En buena parte esto ha sido posible gracias a
factores que pertenecen en sentido estricto a la Postmodernidad. En nuestro mundo cotidiano experimentamos mucho
de premodernidad, algo de modernidad y olfateamos de lejos, con gran placer,
factores que definen la Postmodernidad, pues es ella la que nos puede permitir
pertenecer a la Modernidad. Dos ejemplos muy simples: se nos llama pueblo en
vías de desarrollo porque avanzamos económicamente gracias al empleo cada día
mayor de la ciencia y la tecnología, regalos de la Modernidad. Pero, )acaso la mayoría de nuestros campesinos no continúan
cultivando sus campos con métodos premodernos? )Acaso nuestros progresos tecnológicos
no son fruto de las exigencias postmodernistas de una sociedad de consumo? Vale
la pena revisar las estadísticas de importaciones hechas en los últimos años. Mucho
menos hemos hecho en los últimos decenios para disminuir la tasa de
analfabetismo y para ampliar los espacios educativos. Esto responde a la
sensibilidad cultural de la Modernidad. Pero como señal de premodernidad, )se conocen las estadísticas de la Unesco sobre analfabetismo
en el mundo? )Qué puesto ocupamos nosotros en el concierto mundial a
finales del siglo XX? Y, )cuál es la calidad de nuestra
educación? Sin duda que nuestros progresos en estos campos los hemos hecho
porque la Postmodernidad nos está exigiendo un esfuerzo para que los ciudadanos
estén culturalmente capacitados para participar en la vida social y política
defendiendo sus puntos de vista, su pluralismo, sus diferencias, el respeto por
las tradiciones culturales de las minorías.
Ahora bien, si Modernidad es sinónimo de desarrollo
científico y tecnológico, sin duda alguna, apenas estamos dando los primeros
pasos hacia la Modernidad. Somos -para utilizar la palabra menos ofensiva- un
pueblo en vías de desarrollo. Y si no conocemos la Modernidad o sólo conocemos
parcialmente uno de sus aspectos, el desarrollo científico y tecnológico, no
podríamos hablar de la Postmodernidad en el sentido de una época que sucede y
niega una Modernidad en que se ha vivido. A todo lo anterior tenemos que
mencionar otros factores que nos dificultan hablar sobre Modernidad y
Postmodernidad a causa de su complejidad, aunque de alguna manera están
relacionados con lo anterior.
En primer lugar, nos encontramos frente a dos sensibilidades
culturales, es decir, frente a dos clases de vivencias que millones de hombres
experimentan en su diario vivir, pero en un mundo que les es común. Por otra
parte, nos encontramos frente a frente con una variedad de reflexiones
filosóficas de carácter teórico y valorativo que tan sólo han comenzado en
Europa desde hace dos décadas. De hecho, hasta ahora las respuestas desde el
punto de vista filosófico son antagónicas: para algunos la Postmodernidad
representa una ruptura frente a la Modernidad; para otros, la Postmodernidad es
la modernidad de la Modernidad.
Añadamos que tanto en una como en la otra visión filosófica
se asumen posiciones simultáneamente positivas y negativas. Algunos autores nos
invitan a renunciar totalmente a la Modernidad, mientras otros pretender ser
total o parcialmente fieles a ella. Habermas ha formulado una topología en la
cual habría que distinguir entre los conservadores jóvenes para quienes
los proyectos de la Modernidad no sólo se han agotado sino que los consideran
tiránicos y proclaman en su lugar el esteticismo, la anarquía y el
irracionalismo; los conservadores viejos quienes, desconfiando de la
razón y temiéndola, todavía defienden los sueños de los discursos premodernos;
y, en fin, los neoconservadores, quienes confunden Modernidad y
modernización y proclaman que los frutos que ella podía dar -ciencia y
tecnología- ya los dio. Para ellos reflexionar filosóficamente sobre el hombre
y la sociedad es perder el tiempo. El desarrollo pleno de la ciencia y de la
tecnología constituyen las condiciones de posibilidad de aquel pluralismo y de
aquella tolerancia que inquieta a los postmodernos. Irónicamente estos
neoconservadores de Habermas están representados en nuestro país -como en
otros- por los defensores del neoliberalismo. De hecho, entre más avanzamos en
ciencia y en tecnología, menos igualdad y libertad, más hambre, menor número de
grupos económicamente predominantes, más ansias de estos grupos para reemplazar
los hombres por máquinas y así obtener mayores beneficios económicos.
Esta topología debe ser completada con la posición dialéctica
de aquellos autores que nos invitan a repensar y a recrear los ideales y
proyectos de la Modernidad renunciando a sus metarrelatos, y esto en función de
la creación de un nuevo orden social no dominado exclusivamente por el progreso
de la tecnología, de la ciencia o la política. Personalmente, me adhiero a este
grupo.
2. )QUÉ ES LA MODERNIDAD?
Hay un consenso: Modernidad es sinónimo de Ilustración. Pero,
)qué es la Ilustración? Recordemos que es necesario distinguir
entre la Ilustración como sensibilidad cultural de una época histórica
(siglo XVIII) resultado de un proceso iniciado en la Alta Edad Media y
que culminó como un proyecto, y, por otra parte, la Ilustración como esfuerzo
reflexivo para explicitar y
fundamentar filosóficamente esta sensibilidad cultural, obra llevada a cabo
principalmente por Kant y Hegel.
Comencemos por la Ilustración como reflexión explicitadora y
fundamentadora. Para responder a la pregunta detengámonos en Kant quien en su
escrito A)Qué es la Ilustración?@ nos dio
la clave de la respuesta. Kant define la Ilustración como Ala salida del hombre de su autoculpable minoría de edad@[3], hacia una mayoría de edad gracias a
la cual busca determinar su existencia y su acción a partir exclusivamente de
la razón.
Esta definición implica entre otras cosas que para el hombre
ilustrado:
1. La existencia no es un destino regido por Dios o por la
naturaleza. Ella es un proyecto, una vocación, una meta que debe y puede ser
determinada y conquistada autónomamente por el mismo hombre. Es la expresión
del fenómeno de la secularización. El hombre ilustrado es alguien que ha
abandonado la idea judeo-cristiana de la Areligación@.
2. La autoridad y la tradición que hasta la Edad Media
fundamentaban el saber sobre el ser y quehacer del hombre, deben ceder el paso
a la razón. Es la razón quien debe decirnos cómo se debe definir el ser y el
quehacer del hombre: Aatrévete a pensar por ti mismo@ fue el lema de la Ilustración.
A partir de la definición dada, Kant explicitará, en sus dos
obras fundamentales, que la misión del hombre sobre la tierra no es asegurar la
salvación de su alma y contemplar la naturaleza para cantar la grandeza de su
Creador. De acuerdo con la Crítica de la Razón Pura esta misión, desde
el punto de vista teórico, es la de dominar y transformar la naturaleza
mediante la ciencia y la tecnología para que responda a la dignidad de la
persona humana. Se trata de la humanización de la naturaleza. De acuerdo con la
Crítica de la Razón Práctica esta misión, desde el punto de vista ético,
es la de instaurar un reino de libertad, de justicia, de igualdad, de
tolerancia, de Apaz perpetua@, de reconocimiento de la dignidad de
la persona, de respeto de los derechos humanos, de democracia política. En
otras palabras, el problema es cómo el hombre podría humanizarse a sí mismo.
)Cómo fundamentar estos proyectos,
estas grandes utopías?
Kant lo hace tratando de demostrar que el progreso humanos e
rige por una ley inmutable, universal y necesaria. La historia tiene una meta
definida a priori: conducir al hombre de un estado de barbarie a un estado de
plena civilización y cultura. En este sentido ella es lineal e indefinida. Por
otra parte, nos dice que la razón es una para todos los hombres, lo cual
permite sostener la existencia de una naturaleza humana universal. La subjetividad
trascendental que habita esta naturaleza puede a través de la razón,
concebida como absoluta, demostrar, validar y justificarlo todo.
La ley del progreso aseguraba la marcha ascendente del hombre
a través de la historia, la cual culminaría necesariamente con el triunfo de la razón, tal como ésta se
había expresado en la atmósfera que animó
a la Revolución Francesa y que permitió cantar a los revolucionarios con
toda el alma cómo Ale jour de gloire est arrivé@, cómo el día glorioso de la libertad, igualdad y fraternidad
había llegado y que, casi simultáneamente, inspirara a Schiller el himno a la
alegría y a Beethoven la gloriosa IX Sinfonía. La felicidad terrenal, Aobsesión universal de la época de la Modernidad@, parecía estar asegurada por esta ley del progreso y por aquella
razón todopoderosa.
La armonía de la IX Sinfonía nada tiene que ver con la
fragmentación del mundo que nos ha tocado vivir y el inicio del Himno a la
Alegría que nos invita a ella, a la alegría porque todos nos reconocemos como
hermanos, es algo que nos es totalmente desconocido. Creemos que lo anterior
sintetiza los elementos que definen a la Modernidad y a su fundamentación.
Es necesario, sin embargo, en vistas a un diálogo con la
Postmodernidad, llamar la atención sobre dos aspectos de la Modernidad que Kant
subrayó y que sirven de base a aquellos que consideramos que la Postmodernidad
es la modernidad de la Modernidad. En primer lugar, una característica que ya
está presente en los títulos de las dos obras de Kant citadas: la vocación
propia de la Modernidad a la autocrítica permanente, la cual lleva implícito el
reconocimiento de los límites de la razón.
Aunque un poco extenso quisiéramos citar un texto de la Crítica
de la Razón Pura donde Kant plasma estas características: AAcabamos ahora no sólo de recorrer el campo del entendimiento
puro y de considerar atentamente cada una de sus partes, sino también de
señalar su medida y de señalar a cada cosa su puesto dentro del mismo. Pero
este campo es una isla y ha sido encerrada por la naturaleza misma dentro de
unos límites inmutables. Es el campo de la verdad (palabra fascinante), rodeada
de un amplio y turbulento océano, lugar propio de la ilusión, donde muchos
bancos de niebla y muchos bloques de hielo a punto de derretirse ofrecen el
engaño de nuevas tierras, y al mismo tiempo que seducen al marino con vanas
esperanzas de descubrimientos fantásticos, aquí y allí, le comprometen en una
loca aventura de la que no se puede retroceder jamás ni puede llevar a feliz
término@. Estas palabras preciosas sobre los límites de la razón
constituyen una exigencia de ética intelectual: debemos rechazar toda
pretensión de una concepción definitiva y dogmática acerca del hombre y de su
mundo. La reflexión debe ejercer permanentemente una vigilancia crítica sobre
nuestros decires y decisiones. )No será la Postmodernidad la
autocrítica que se hace a sí misma la Modernidad? Dejemos abierto este
interrogante por ahora.
Añadamos algo más, ligado a lo anterior, que nos puede ser
útil para el diálogo con la Postmodernidad: Kant escribe: *Si nos preguntamos si vivimos en una época ilustrada, la
respuesta es no, pero sí en una época de Ailustración@+. En otras palabras: para Kant hay que distinguir, como
nosotros lo hemos hecho, entre la Ilustración como sensibilidad cultural que
encierra en sí un proyecto utópico y la Ilustración como concepto, como esquema
teórico para explicitar y fundamentar este proyecto. La Modernidad como
concepto se experimentó siempre a sí misma como confrontación permanente entre
Razón y Aspiración a la Razón, entre Libertad lograda y Verdadera Libertad. Por
esto no nos parece gran descubrimiento de Lyotard cuando escribe: ALa Modernidad, cualquiera sea la época de su origen, no se da
jamás sin la ruptura de la creencia y sin el descubrimiento de lo poco de
realidad que tiene la realidad@. Este gran descubrimiento de Lyotard
ya lo había hecho Kant hace más de dos siglos.
Hegel trató de superar a Kant haciendo de la Subjetividad
Trascendental de éste, que le parecía demasiado abstracta, pura y por lo mismo
vacía, una Subjetividad Concreta: el espíritu subjetivo absoluto, un universal
concreto, o mejor, una totalidad concreta que se expresa en la ciencia, la
moral, el arte y en las objetivaciones de la sociedad burguesa. Por otra parte,
creyó encontrar un principio de inteligibilidad de las diferentes etapas
históricas con todas sus contradicciones y fragmentaciones: la esencia de la
racionalidad histórica está en la negatividad. En contra de la razón kantiana
que despreciaba la pasión, Hegel proclama que es a través de sus intereses como
los hombres hacen la historia, constituyéndose así en Alos medios y los instrumentos
de algo más elevado, más vasto, que ignoran y realizan inconscientemente@: el espíritu absoluto. La existencia temporal encierra en sí
misma la destrucción, la infelicidad, la desgracia. Pero sólo así sirve a lo
eterno, sólo así el espíritu absoluto se puede objetivar. A partir de aquí
Hegel realiza la reconciliación de lo finito y lo infinito, de la Razón y la
Sinrazón, de la Esclavitud y la Libertad. La filosofía, Aautoconciencia de cada época@, conlleva la amarga experiencia de
la negatividad: el extrañamiento y la alienación. De esta manera la razón todo
lo puede justificar, inclusive los millares de vidas Asacrificadas en el altar de la
historia@. Sin ellas el Absoluto, el fin y el sentido de la historia
no se pueden realizar.
La Ilustración como proyecto no se realizó. Pero, )no podrá realizarse? Pregunta clave en la discusión con la
Postmodernidad. La otra gran pregunta sería: )Es posible fundamentar y demostrar la
validez e infalibilidad universal del proyecto de la Modernidad?
3.
DIÁLOGO ENTRE MODERNIDAD Y POSTMODERNIDAD
El proyecto emancipatorio proclamado por la Modernidad ha
fracasado. Los hechos están ahí: negación de la dignidad de la persona y de sus
derechos, intolerancia, desigualdad, violencia, regímenes políticos represivos,
destrucción de la naturaleza, dominio de la técnica sobre el hombre, etc.. Muchos
autores utilizan siempre una palabra para designar el paso de la Modernidad a
la Postmodernidad: Auschwitz, palabra que designa todos los campos de
exterminio humano construidos por los nazis a partir de la teoría sobre la raza
que se consideraba científica y, por consiguiente, fundamentada en la
Modernidad. Pensemos en las guerras mundiales, en la bomba atómica, en la
destrucción de la capa de ozono, etc.. Esto nos hace sospechar que la utopía de
que la razón con su poder absoluto garantizaba el triunfo de la civilización
sobre la barbarie tan sólo fue un simple sueño.
El término Postmodernidad expresa la desazón, el malestar, el
desengaño que el hombre actual experimenta frente a las promesas falaces de la
Modernidad. Digámoslo en palabras de Lyotard: AYa hemos pagado suficientemente la
nostalgia del todo y de lo uno, de la reconciliación del concepto y de lo
sensible, de la experiencia transparente y comunicable. Bajo la demanda general
de relajamiento y apaciguamiento, nos proponemos mascular el deseo de
recomenzar el terror, cumplir la fantasía de apresar la realidad. La respuesta
es: guerra al todo, demos testimonio de lo impresentable, activemos los
diferendos, salvemos el honor del hombre@. Ante el fracaso de la Modernidad,
no son pocos los que asumen una actitud nihilista e irracionalista que nos
invita a aceptar como válido cualquier punto de vista y, lo que es peor, a
renunciar a todo futuro: vivamos el presente hasta donde nos sea posible, que
ya veremos qué pasará mañana. Inclusive, no son pocos los que viven esta
autoalienación, esta autodestrucción, como la posibilidad de un goce estético
de primer orden. (Que lo digan quienes han hecho de la sociedad de consumo su
mundo y quienes no se resignan a estar excluidos de él! No son pocos los que
viven la Postmodernidad como el Imperio de la Arbitrariedad. Para éstos el lema
de la Postmodernidad sería el Atodo vale@, que ya citamos de Heller.
El término Postmodernidad expresa, igualmente, la reflexión
filosófica que en los últimos años han adelantado autores como Lyotard,
Foucault, Derrida, Habermas, Vattimo, Bell, para comprender, explicitar,
validad o invalidar esta sensibilidad cultural del hombre del siglo XX y para
descubrir la falla, y por ende la responsabilidad, de la Modernidad. Desde este
punto de vista la Postmodernidad constituye un Aproceso@ a la Racionalidad Moderna en todos
los autores, sin excepción, ya sea que este proceso culmine con su condenación
a muerte, como es el caso de Vattimo, o a reconocer sus errores, pero al mismo
tiempo sus virtudes, como en Habermas, que se ha esforzado en redefinir los
ideales de la Modernidad en función de una nueva realidad social donde reine no
la arbitrariedad sino la tolerancia, el antidogmatismo, el reconocimiento de la
particularidad y singularidad de los individuos y de las pequeñas comunidades,
el respeto por la pluralidad de formas de vida, de manifestaciones culturales,
de juegos del lenguaje, etc..
Estamos de acuerdo con los autores que luchan por redefinir
la Modernidad y que consideran que la Postmodernidad como concepto no significa
una ruptura total con la Modernidad. El espíritu de la Modernidad continúa
vigente, a saber, el querer vivir en libertad. Igualmente continúa vigente su
capacidad de autocrítica y la necesidad de repensar permanentemente, sus
problemas, sus principios y sus resultados.
Hoy como ayer los ideales de la Modernidad nos animan:
libertad, igualdad, reconocimiento de la dignidad de la persona humana, paz
(fraternidad), respeto de los derechos humanos, y la tolerancia que presupone
el reconocimiento de las diferencias, de la heterogeneidad y de la
perspectividad, experimentados en el mundo concreto de la vida. Esto permite un
diálogo entre Modernidad y Postmodernidad.
Ciertamente tenemos que renunciar a la gran utopía, al gran
metarrelato de la existencia de una ley de progreso infinito, de manera
especial, de progreso moral, que aseguraría de antemano la llegada de un reino
donde estos ideales serían una realidad. La historia no es un título de
seguridad para la existencia humana. La historia no tiene un sentido lineal. La
historia implica siempre rupturas y continuidades, crítica y reafirmación del
pasado. El concepto de historia de la Modernidad implica una noción de tiempo
homogéneo y vacío que excluye la posibilidad de pensar en rupturas y mucho
menos de la autocrítica de la misma historia como proceso. Prueba de ello es
que la negación factual de los ideales de la modernidad, la barbarie, ha sido
el pan de cada día a través de todas y cada una de las épocas históricas.
También tenemos que renunciar al metarrelato de la existencia
de una Subjetividad Trascendental y absoluta que, en su soledad, gracias a su
autoconciencia y autoreferencia, fundamentaría el valor universal de estos
ideales, como también a la afirmación de
que sólo se justifica y valida lo que la razón puede demostrar. La pretensión
absoluta de la razón no tiene sentido puesto que el sujeto en el que se apoya
es un ser limitado y finito. Aceptar esta pretensión es justificar de antemano
el dogmatismo, la intolerancia, el despotismo en todos los órdenes. Recordemos tan sólo cómo ya antes de Kant, en
la Revolución Francesa, rodaron muchas cabezas en su nombre.
Debemos igualmente renunciar a la universalidad ontológica,
es decir, a la creencia de que estos ideales gozan de una univocidad ontológica
que los convierte en arquetipos, en modelos eternos a partir de los cuales se
valida o no todo pensamiento y toda acción. La Modernidad falló al prolongar la
idea platónica y medieval de la Asubstancialidad del ser@. En este punto la Postmodernidad, que proclama la Acontextualidad del ser@, nos da un apoyo para desarrollar un
discurso que nos haga comprensible la validez de la perspectividad de nuestras
visiones individuales del mundo, de la diversidad y autonomía de las diferentes
regiones del Mundo de la Vida (objetivo, social, subjetivo) y del valor propio
de las culturas que constituyen las comunidades y etnias que pueblan y han
poblado el universo en cada una de las épocas históricas.
Pero la negación del Sujeto Trascendental, de la ley del
progreso, de la universalidad ontológica de los ideales de la razón, no
significa que no podamos y debamos buscar una nueva fundamentación de estos
ideales o, como diría Habermas, un nuevo paradigma.
Estos ideales no los ha formulado un sujeto solipsista. Se
los ha formulado la humanidad. )No significa esto que no es la
subjetividad sino la intersubjetividad su fundamento? )Acaso el Aser con otros@ no es la esencia del hombre? )Acaso cada uno de estos ideales no implica el reconocimiento
del Otro, el encuentro del Otro en mi propio yo y de mi yo en el Otro? EL punto
de partida de la reflexión no puede ser la autoconciencia y la autoreferencia
de un sujeto aislado de conocimiento y acción sino la autoconciencia y
autoreferencia de una intersubjetividad que se experimenta múltiple, diferenciable,
histórica y que, en su conocer y actuar, sólo puede apostar mediante consenso
mutuo a las que serían las razones más razonables, los argumentos más
argumentativos, a las proposiciones más propositivas.
Si los mencionados ideales no gozan de una universalidad
ontológica, )es ilusoria la utopía de su universalización? )No podría la Intersubjetividad fundamentar la aspiración a
esta universalización? )Acaso los hombres de hoy en día al
mismo tiempo que se sienten ciudadanos de una patria chica no se experimentan
cada día ciudadanos de un mismo mundo? )Qué significa el Internet sino, entre
otras cosas, la posibilidad de asumir o rechazar los puntos de vista de los
ciudadanos de todo el mundo?
La universalización no implica que los ideales respondan necesariamente
a conceptos unívocos. Consideramos que todos los conceptos que se refieren al
ser humano, a causa de su simultánea pluralidad y unicidad, son analógicos. Pero
nos es lícito aspirar a una universalización de nuestros ideales, de nuestras
perspectivas. El reconocimiento de nuestra contingencia, de nuestra pluralidad,
de nuestras diferencias, constituye de por sí la base para proponernos
consensos acerca de aquello que nos permitiría trascendernos, humanizarnos y
humanizar el mundo de nuestra vida cotidiana.
Ciertamente no existe la igualdad. Es un ideal. Pero la igualdad no es Acuantitativa@. Es Arazonable@ que existan razones para que en el
trato humano se den diferencias que no puedan ser Ademostradas@ pero sí argumentadas. Ejemplo: una
madre quiere repartir una torta entre sus hijos. Para ser justa y tratar a sus hijos de acuerdo con el ideal de la
igualdad, )debe dar exactamente la misma cantidad a cada uno de ellos? Ciertamente
la razón no puede Ademostrar@ que esto tenga que ser así. Pero )no es razonable, no es comprensible, que le dé un trozo más
grande al hijo hambriento, o al hijo que ayudó a preparar la torta o al hijo
mayor, o al hijo que de nuevo puede comer algo dulce después de no haberlo
hecho durante algún tiempo por prescripción médica?
Ciertamente tenemos que renunciar, como han renunciado los
postmodernos, a esa razón absoluta, de la modernidad de carácter rabiosamente
matemático e instrumental, que todo lo puede demostrar, justificar y validar y
que sólo busca la eficiencia. Pero esto no significa renunciar a la
racionalidad y proclamar el advenimiento del nihilismo como se encuentra en
ciertos postmodernos. Citemos a Vattimo que nos recuerda al Nietzsche de la AVoluntad de Poder@. Aún en estos autores podemos
rastrear cómo la Voluntad de Poder incluye la voluntad de verdad y la voluntad
de autosuperación como lo soñara la Ilustración.
)No será posible dejar de lado la
concepción de la razón como razón demostrativa e instrumental y en su lugar
hablar de una razón argumentativa, de una razón que las más de las veces sólo
puede dar razones razonables?
Yo iría mucho más allá: )No será posible ampliar el concepto
de razón de tal manera que incluya todas aquellas otras dimensiones mediante
las cuales el hombre capta el sentido de la realidad y que tradicionalmente se
consideraron irracionales? Recordemos la frase de Pascal: AEl corazón tiene razones que la razón no entiende@. No se trata de dar contentillo a ciertos postmodernos. Ya
en 1974 en mi obra Hombre y Filosofía, publicada por la Universidad del
Valle, escribíamos: AHa llegado el momento de ampliar el
concepto de razón para que queden allí incluidas todas las argucias de que se
sirve el hombre total para entrar en contacto con la realidad: lo emotivo, lo
institucional, lo estético, lo subconsciente, en fin, todo ese mundo interior,
tradicionalmente considerado como irracional que constituye nuestro ser
concreto. El conocimiento racional y deductivo sólo es uno de nuestros modos de
ser en el mundo real. Como dice Merleau Ponty, >hasta el mismo cuerpo sabe más del
mundo que nuestra propia razón=@. Ya en esta época insistíamos sobre cómo el lenguaje Acontamina el pensamiento@, sobre cómo el mito, visión propia
de una comunidad, tiene su propia lógica y no puede ser considerado irracional;
y sobre cómo el mundo de la predicación presupone la experiencia propia del
mundo de la vida. El purismo kantiano de la razón no deja de ser un mito. Citemos
otras líneas que en ese entonces escribimos: ALa misión del filósofo es la de
volver con todo su ser, como espíritu encarnado, a la realidad concreta para
vivirla y, viviéndola, describirla y describiéndola, interpretar su sentido y
el sentido de la existencia. Esta manera de concebir nuestra tarea está muy
lejos de la pretensión de convertir al filósofo en un espectador imparcial de
una realidad constituida en espectáculo para un mirar puro. Se nos invita a una
racionalización total de la experiencia, pero la realización de este ideal
implica una destrucción de la misma experiencia. La experiencia no se deja
racionalizar plenamente... El filósofo no puede pretender arrojar una luz sobre
el hombre y su vida sino llegar a ser esta vida, vivida eso sí, con plena
conciencia, para que esa vida con cada uno de sus comportamientos revele el
sentido de la realidad y >constituya= todas las posibilidades que se
pueden ofrecer a partir de la experiencia para la edificación de la historia y
cultura humana, es decir, para el pleno desarrollo de las relaciones
verdaderamente humanas que el hombre puede sostener con el mundo, con sus
semejantes, consigo mismo, con el absoluto@.
Recordemos cómo el mismo Kant tuvo que distinguir entre una
razón pura, una razón estética y una razón ética; y que expresamente nos dijo
que esta razón ética pertenece al mundo de la Belief, de la fe. Asistimos
a un interés creciente por lo ético. )Este interés no será deudor de la
Ilustración kantiana que, en su actitud crítica, fue llevando necesariamente al
mundo de lo ético? )No podríamos decir algo semejante en
relación al hecho de que la Postmodernidad, antes de darse a nivel de la
filosofía, se dio a nivel de la literatura y del arte? )Acaso en la época kantiana ya el
romanticismo alemán no proclamó al arte como el espacio de reconciliación entre
los ideales ilustrados y la realidad que debería ser superada?
Resumamos: los problemas e ideales emancipatorios de la
Modernidad continúan vigentes. Pero la
forma racionalista como fueron fundamentados perdió vigencia. En este sentido
la Postmodernidad tiene >razón=. Esto no significa que podamos
pensar como algunos postmodenistas que Atodo vale@, que no podamos ser razonables, que
no podamos formularnos ciertas utopías. Estamos de acuerdo con aquellos
postmodernos, por ejemplo Habermas, que utilizando el espíritu autocrítico
propio de la Modernidad buscan una fundamentación no racional sino razonable de
los ideales Ailustrados@.
En este sentido consideramos que no hay una ruptura total de la
Postmodernidad con la Modernidad y que, por consiguiente, que es >razonable= afirmar que la Postmodernidad es la
modernidad de la Modernidad. La Postmodernidad nos está recordando con hechos
y, no en términos teóricos, que la razón tiene sus límites, que ella por su
vocación a la universalidad fácilmente olvida el perspectivismo propio del
Mundo de la Vida, la pluralidad, la diferencia, la heterogeneidad. Pero comete
el error frecuentemente de desconocer nuestra vocación a la racionalidad, a la
universalidad, al llamado que todos experimentamos de ser ciudadanos de un
mundo que nos es común, pero que sólo lo es realmente si todos nosotros, sin
negarnos en nuestra individualidad, reconocemos la intersubjetividad, el hecho
de que nuestro ser es un ser en relación y que, por lo mismo, nuestro yo sólo
será reconocido como yo cuando descubra y reconozca en el yo al otro y el otro
descubra en sí a mi yo.
Si el gran pecado de la Modernidad fue la obsesión de la
fundamentación absoluta de las utopías que le son lícitas formularse al hombre
a partir de una razón considerada como infinita, el pecado de la Postmodernidad
es el fundamentalismo de un individualismo que desconoce nuestra vocación hacia
la universalidad y en cuyo nombre ruedan cabezas como rodaron en la Revolución
Francesa: )ejemplos?, el fundamentalismo islámico, el fundamentalismo
israelí. Más cerca de nosotros: el fundamentalismo de los grupos izquierdistas
de la guerrilla, el fundamentalismo del paramilitarismo de la derecha, el
fundamentalismo del militarismo, el fundamentalismo de los carteles de la
droga, el fundamentalismo de los políticos corruptos, todos los cuales han
hecho de sus perspectivas individualistas la negación de nuestra vocación de
seres humanos que aspiramos a que se nos reconozca con orgullo el llamarnos
hombres.